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07 Ago 2026

LACTANCIA MATERNA: AMOR, NUTRICIÓN, PROTECCIÓN, VÍNCULO Y VIDA

Semana Mundial de la Lactancia Materna 2026 “Lactancia materna para un comienzo sostenible en la vida: fortalecer lo que funciona.” — Organización Mundial de la Salud, 2026 Una dedicatoria especial A todas las madres que amamantan. A las que comienzan llenas de ilusión y también de incertidumbre. A las que amamantan de día y de […]

Autor Mhadelyne Romero Mendez
Categorías Lactancia Materna
Tiempo lectura 11 min

Semana Mundial de la Lactancia Materna 2026

“Lactancia materna para un comienzo sostenible en la vida: fortalecer lo que funciona.” — Organización Mundial de la Salud, 2026

Una dedicatoria especial

A todas las madres que amamantan.

A las que comienzan llenas de ilusión y también de incertidumbre. A las que amamantan de día y de noche; a las que lo hacen mientras su propio cuerpo todavía se recupera del embarazo y del parto; a las que han sentido cansancio, dolor, miedo o dudas y, aun así, continúan ofreciendo alimento, consuelo y protección a sus hijos.

A las que amamantaron durante días, meses o años. Y también a aquellas cuya historia de lactancia terminó antes de lo que hubieran deseado.

Cada historia es diferente y merece ser acompañada sin juicio.

Porque detrás de cada toma existe una mujer que también necesita ser cuidada.

La leche materna: mucho más que alimento

La leche humana es un sistema biológico extraordinariamente complejo y dinámico, especialmente adaptado a las necesidades del lactante.

No contiene solamente calorías. Aporta agua, carbohidratos —principalmente lactosa—, proteínas, lípidos y ácidos grasos esenciales, vitaminas y minerales; pero también inmunoglobulinas, lactoferrina, lisozima, oligosacáridos de la leche humana, enzimas, hormonas, factores de crecimiento, citocinas y células inmunitarias vivas.

Su composición, además, no permanece estática: cambia desde el calostro hasta la leche madura y se adapta a diferentes etapas de la lactancia.

Por ello, durante los primeros seis meses de vida, la Organización Mundial de la Salud recomienda la lactancia materna exclusiva y a libre demanda (sin horario), sin agua ni otros alimentos o bebidas, salvo las excepciones médicamente indicadas. La lactancia debe ofrecerse de manera responsiva, atendiendo las señales de hambre y saciedad del bebé, tanto de día como de noche.

A partir aproximadamente de los seis meses deben incorporarse alimentos complementarios nutricionalmente adecuados y seguros recomendados por su pediatra, mientras se continúa la lactancia hasta los dos años o más.

Beneficios para el bebé: alimentar, hidratar y proteger

La lactancia proporciona nutrición e hidratación y, simultáneamente, contribuye a la defensa inmunológica del lactante.

La OMS señala que la lactancia temprana (desde los primeros minutos de vida), exclusiva y continuada protege frente a enfermedades infecciosas. Entre sus beneficios se encuentra una menor incidencia de algunas afecciones gastrointestinales y respiratorias.

Sus efectos se extienden más allá de los primeros meses. La evidencia epidemiológica asocia haber recibido lactancia materna con un menor riesgo posterior de sobrepeso y obesidad y de diabetes tipo 2, además de mejores resultados en determinadas medidas de desarrollo cognitivo para los ninos y adultos que fueron amamantados.

Después de los seis meses, la lactancia materna sigue aportando un sinfín de beneficios al bebé.

Por eso, cumplir los seis meses no significa que la leche materna “deje de alimentar”, ya que la leche materna siempre funciona. Simplemente, el lactante (bebé) comienza a necesitar alimentación complementaria, pero la leche continúa siendo el alimento principal, por eso se les llama a los niños lactantes (hasta los dos años). La leche materna es un alimento nutricionalmente completo y biológicamente activo; es invaluable para el desarrollo neuromuscular, cognitivo y endocrino, y para el fortalecimiento emocional del lactante.

Para la madre también existen beneficios

Los beneficios de la lactancia no pertenecen únicamente al lactante.

Una mayor duración acumulada de lactancia se asocia con un menor riesgo de cáncer de mama y de ovario y con una reducción del riesgo de diabetes mellitus tipo 2. Así como la pérdida más rápida del peso ganado durante el embarazo.

Durante el puerperio, la succión también estimula la liberación de oxitocina y favorece la contracción uterina durante el postparto y puerperio.

La lactancia materna, a su vez, es un anticonceptivo natural que ayuda a espaciar los embarazos.

Existe, además, una importante dimensión emocional. El contacto físico (piel con piel), la proximidad, la mirada, el olor, la voz materna y la interacción repetida durante la alimentación pueden constituir momentos privilegiados de regulación y conexión entre madre e hijo. Pero aquí debemos evitar romantizar la maternidad.

Amamantar también puede ser difícil.

En general, la madre que amamanta está produciendo alimento para otro ser humano (su hijo) mientras simultáneamente se recupera de un parto vaginal o de una cesárea, experimenta cambios hormonales, privación de sueño, dolor mamario, grietas, congestión, dificultades de agarre, preocupación por la producción de leche y las innumerables demandas del puerperio.

La lactancia requiere tiempo, energía y disponibilidad física y emocional.

Por eso hablar de lactancia y salud mental materna requiere equilibrio. La relación entre lactancia y depresión o ansiedad posparto es compleja y puede ser bidireccional: una experiencia satisfactoria y acompañada puede contribuir al bienestar, mientras que las dificultades persistentes, el dolor, las expectativas no cumplidas y la ausencia de apoyo pueden aumentar el estrés y el sufrimiento materno.

Promover la lactancia nunca debe implicar presionar ni culpabilizar a la madre. Debe significar brindar las condiciones necesarias para que pueda amamantar si así lo desea.

La lactancia no es responsabilidad exclusiva de la madre

Aunque sea el cuerpo de la mujer el que produce la leche, sostener una lactancia exitosa es una responsabilidad compartida entre mamá y papá.

La pareja puede cuidar a la madre, acercarle al bebé, encargarse de otras tareas del hogar, proteger sus horas de descanso, acompañarla durante las tomas nocturnas y reconocer las señales de agotamiento físico o emocional.

La familia debe facilitar la lactancia, no juzgar. La prioridad es mamá y bebé.

Asimismo, los profesionales de la salud debemos proporcionar educación basada en evidencia, detectar oportunamente las dificultades y ofrecer un apoyo competente para promover y facilitar la continuidad de la lactancia materna.

Los empleadores deberían garantizar la licencia materna, así como tiempo y espacios adecuados para la extracción y conservación de leche.

Y la sociedad debe normalizar y proteger el derecho de una madre a alimentar a su hijo en espacios publicos, sin juzgar o sexualizar la lactancia materna.

No por casualidad, la campaña de la OMS para 2026 habla de fortalecer una “cadena cálida de apoyo”, integrada por familias, comunidades, lugares de trabajo, profesionales sanitarios, sistemas de salud y gobiernos.

El bebé necesita la leche materna. Pero para que esa leche llegue a él, muchas veces es necesario que alguien sostenga primero a su madre.

Lactancia, pobreza y desigualdad

La lactancia materna, además, tiene una dimensión fundamental de salud pública y equidad sanitaria.

En familias que enfrentan pobreza o inseguridad alimentaria, disponer de leche humana reduce la dependencia de productos comerciales cuya adquisición continua puede representar una carga económica considerable, especialmente en países de ingresos bajos.

Sin embargo, decir simplemente que “amamantar es gratis” invisibiliza el trabajo de la mujer. La lactancia materna requiere tiempo, alimentación materna adecuada, atención sanitaria, descanso, protección laboral y apoyo social.

Por ello, una verdadera política de promoción de la lactancia no consiste solamente en decirle a una mujer que debe amamantar. Consiste en crear condiciones sociales para que pueda hacerlo.

Cuando ocurre un desastre, la lactancia puede convertirse en una intervención vital

Las emergencias humanitarias muestran con extraordinaria claridad por qué la lactancia también pertenece al ámbito de la salud pública.

Después de un terremoto, inundación, huracán, conflicto o desplazamiento, pueden desaparecer precisamente las condiciones necesarias para alimentar con seguridad a un lactante: agua potable, electricidad, combustible, refrigeración, utensilios limpios, saneamiento y un suministro continuo de fórmula infantil.

La leche materna, en cambio, está disponible directamente, no requiere preparación ni agua para su reconstitución y proporciona alimento, hidratación y protección inmunológica. Y esto no es una consideración teórica.

El 24 de junio de 2026, mi país, Venezuela, fue sacudido por dos importantes terremotos, que dejaron a miles de familias desplazadas y afectaron el acceso a vivienda, agua segura y servicios esenciales.

UNICEF documentó la historia de Jairibel y su pequeña Belén, de 18 meses. Después de perder su hogar y trasladarse con su familia a un campamento temporal, la lactancia continuó proporcionando alimento a la niña, pero también se convirtió en una fuente de calma y seguridad en medio del miedo y del cambio.

UNICEF instaló además espacios de apoyo a la lactancia en los campamentos, reconociendo algo fundamental: proteger la lactancia forma parte de la respuesta humanitaria.

Ante una emergencia, proteger a una madre que amamanta también implica proteger la alimentación, la hidratación, la inmunidad y laseguridad emocional de un niño.

Y cuando un bebé no recibe leche materna o existe una contraindicación médica, la respuesta humanitaria debe garantizar una alternativa apropiada y segura, con valoración profesional y acceso sostenido a los recursos necesarios para prepararla correctamente. La protección de la lactancia jamás debe traducirse en desatender al lactante que necesita fórmula.

Un beneficio para las familias, los sistemas de salud y toda la sociedad

La dimensión poblacional de la lactancia es sumamente grande. En su declaración conjunta para la Semana Mundial de la Lactancia Materna 2026, la OMS y UNICEF estiman que ampliar las intervenciones de protección y apoyo a la lactancia materna podría evitar anualmente casi 400.000 muertes infantiles y aproximadamente 140.000 muertes maternas.

Además, estiman que cada dólar invertido en promoción y apoyo a la lactancia puede generar alrededor de 59 dólares en retorno económico, mediante menores costos sanitarios y beneficios relacionados con desarrollo cognitivo, educación y productividad futura.

Estas cifras permiten comprender por qué la lactancia no debe ser considerada solamente una elección individual.

Es también una intervención de promoción de la salud y prevención primaria.

Apoyarla significa actuar antes de que aparezca la enfermedad, reducir factores de riesgo desde los primeros días de vida, disminuir desigualdades y fortalecer la salud de generaciones futuras.

Fortalecer lo que funciona

El lema escogido para la Semana Mundial de la Lactancia Materna 2026 resume muy bien este desafío:

“Lactancia materna para un comienzo sostenible en la vida: fortalecer lo que funciona.”

Hoy sabemos muchas de las intervenciones que funcionan: atención prenatal que eduque sobre lactancia; contacto piel con piel; inicio temprano cuando las condiciones maternas y neonatales lo permiten; alojamiento conjunto; asesoramiento profesional; apoyo comunitario; protección frente al marketing inapropiado de sucedáneos de la leche materna; licencias de maternidad; condiciones laborales compatibles con la lactancia y apoyo continuo de la pareja y la familia.

Por eso, la promoción de la lactancia materna no consiste simplemente en repetir que “la lactancia es buena”. Consiste en hacer posible la lactancia:

Protegiendo a la madre.
Acompañándola, alimentándola.
Permitiéndole descansar.
Escuchándola, amándola.
Ayudarla cuando existe dolor.
Cuidar su salud mental.
Defender sus derechos laborales.
Y reconocer el enorme esfuerzo físico, mental y emocional que está realizando.

Porque cuando una madre amamanta, no está “solamente alimentando”.

Está amando, nutriendo.
Está protegiendo, consolando.
Está vinculando.
Está entregando tiempo, energía y parte de sí misma para sostener otra vida.

A todas las madres que amamantan y familias de la madre que amamanta:

Sepan que su esfuerzo es visto. Tus noches cuentan. Tu cansancio cuenta. Tus intentos cuentan. Cada gota cuenta. Mamá, tu cuentas.

Una madre que amamanta nunca debería tener que recorrer sola el camino de la lactancia.

Como médico, como mujer y como madre, las escucho, te escucho. Mi reconocimiento especial a cada una de ustedes. 🤍

Y cierro esta reflexión contemplando la maternidad de María, esa maternidad silenciosa, presente y profundamente amorosa que la Sagrada Escritura describe de una manera particularmente hermosa:

“María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón.”
Lucas 2,19 🤍

Que María, Madre de Jesús y madre nuestra, acompañe de manera especial a cada madre en el maravilloso y exigente camino de cuidar, alimentar y amar una nueva vida.

Mhadelyne Romero-Méndez, MD
Mhadelyne Health
Por la salud de la mujer, de la madre, de los niños y de las familias.

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